La geoestratégia hace extraños compañeros de cama. Tras las elecciones griegas que han dado el triunfo a Syriza las alarmas se han desatado en el centro de Europa y se acaban de dar cuenta de que Grecia está muy ceca de Rusia, de Ucrania y tiene una frontera conflictiva con Turquía. Grecia desde luego no se va a mover de donde está, pero la presión política y económica que se está ejerciendo sobre aquel país, puede poner en bandeja que Rusia de un paso más en su expansión territorial, política y económica, incluyendo la adopción del rublo por parte de Grecia.
Una de las posibles medidas que se anunciaron inmediatamente después del triunfo de Syriza fue la posibilidad de que Grecia abandonara ordenadamente el Euro incluyendo la posibilidad de que, o bien Grecia recuperara el Dracma o bien que se usara una moneda de intercambio interno que no tendría valor fuera de sus fronteras, manteniéndose el EURO como divisa para sus intercambios comerciales y pagos de deuda externa. Pero ¿para qué le sirve a Grecia este estatus económico dentro de la zona euro si tiene todas las desventajas y ninguna ventaja? Su único ingreso externo en euros que podría recibir Grecia sería, a falta de ayudas europeas y una relajación de la política de austeridad, el procedente del turismo dado que la balanza comercial es negativa.
En 2013 Grecia registró un déficit en su balanza comercial de 19.235,0 millones de euros, un 10,57% de su PIB, inferior al registrado en 2012, que fue de 21.574,0 millones de euros, el 11,16% del PIB debido, únicamente, a que se ha producido un descenso de las importaciones al igual que ha ocurrido con las exportaciones muy alejado, eso sí, de los 43.536 millones de 2008. El que no se consuela es porque no quiere. En este escenario la opción de encontrar su integración en otro mercado que mire a eurasia, no deja de ser una opción interesante.
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En este contexto de reordenación de bloques, a Grecia no le costaría mucho adoptar otra moneda y aceptar su incorporación a otro mercado que le diera un respiro como es el mercado rusosi se le empuja a ello . Incluso el turismo del Este sería un buen apoyo si Grecia se distancia de la cooperación europea, amparada por Bruselas/Berlín y decide suavizar su colaboración en el bloqueo a Rusia.
La política de control presupuestario y la reciente decisión del Banco Central Europeo no ayuda en nada a recomponer la confianza de los griegos, pero Tsipras sabe muy bien que su posición estratégica – al igual que España e Italia, Irlanda por desgracia no cuenta con esa condición –es una ventaja que va a utilizar legítimamente. Además hay razones culturales– por ejemplo la religión, dado que ambos países son ortodoxos - que le sitúan, con facilidad, en ese ámbito de influencia.
Otra cosa son los intereses espurios de Rusia que, frente a la pérdida de influencia, incluso la oposición acérrima de sus excolonias, la presión internacional y su necesidad de reconstituir el imperio busca, desesperadamente, aliados y mercados hacia el este, oriente medio y el mediterráneo. Y, por cierto, nuestros aliados se lo ponen en bandeja.
A este escenario hay que añadir un factor desestabilizante más, esto es, elTransatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP) cuyas previsiones (conocidas) son una vuelta de tuerca más en la pérdida de soberanía europea, destrucción del estado del bienestar y reforzamiento del capital financiero. Es decir, todo lo contrario de lo que necesita Europa –y no sólo los países deudores– para encontrar un modelo de desarrollo y cooperación interior que coadyuve a la paz mundial y la integración social.
La opción de que Grecia adopte el rublo como moneda propia es un escenario posible,
lejano y complicado, pero posible. Su mayor dificultad sería, como no, romper la alianza militar que no es poca cosa. Todo dependerá de las decisiones que adopte a corto plazo el gobierno europeo y estas, de la configuración de los gobiernos nacionales.
Alfons Puncel
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